¿Qué es el CETA?

  • A finales de octubre del pasado año la Unión Europea y Canadá firmaron un pacto de libre comercio.
  • La eurocámara lo aprobó el pasado enero y automáticamente se aplicó al 95%.
  • Para estar vigente de forma completa, el acuerdo tendrá que ser ratificarlo por los Parlamentos de todos los Estados miembros.

Acuerdo UE-Canadá

A finales de octubre del pasado año la Unión Europea y Canadá firmaron un acuerdo, el CETA. Este pacto de libre comercio se desarrolla en 13 capítulos y ambas partes estuvieron negociando desde 2009 para alcanzar el consenso. Pero, ¿qué es exactamente el CETA? ¿Cómo beneficia a Canadá? ¿Y qué pasa con la UE?

¿Qué es el CETA?

Es un acuerdo de libre comercio cuyas siglas, CETA, provienen de ‘Comprehensive Economic and Trade Agreement’. El CETA reduce las tasas aduaneras para un gran número de productos y estandariza normas para favorecer los intercambios y para cambiar profundamente las relaciones comerciales entre los dos territorios.

¿Ya se ha implantado?

Sí. El Parlamento Europeo lo aprobó el pasado 17 de enero, y automáticamente se aplicó al 95%. Para estar plenamente vigente tendrán que ratificarlo los Parlamentos de los Veintiocho Estados miembros. Una tarea que se augura larga e incierta, además de inédita.

¿Cómo beneficia a Canadá?

Canadá gana mayor y mejor acceso a un mercado de 500 millones de personas, con ventajas para sus empresas que no tienen otras grandes potencias económicas como Estados Unidos o Japón.

El tratado eleva gradualmente las cuotas europeas para productos agrícolas de Canadá y homologa recíprocamente las regulaciones de productos como maquinaria industrial, equipos de radio, juguetes o equipos de medición.

¿Y qué pasa con la UE?

Las empresas europeas se ahorrarán más de 500 millones de euros al año en aranceles y aumentarán su cuota de acceso a las licitaciones públicas en Canadá, en mercados como las telecomunicaciones, la energía o el transporte.

La protección de las patentes europeas en Canadá pasa de 20 a 22 años, se refuerzan los derechos de autor, mejora la convalidación de títulos universitarios y profesionales y facilita la expatriación de trabajadores.

No entran en el CETA los servicios sanitarios, sociales o la educación, y se aplican restricciones a otros como el audiovisual. Tampoco permite la exportación canadiense de organismos genéticamente modificados (OGM) o ternera tratada con hormonas.

¿Y con España?

Canadá es el 30º cliente y el 45º proveedor de la economía española. España tuvo en 2015 un balance comercial positivo con Canadá de 479 millones de euros.

El acuerdo protege 145 denominaciones de origen europeas, 26 de ellas de España: 15 aceites de oliva, azafrán de la Mancha, quesos Manchego y de Mahón, turrones de Alicante y de Jijona, embutido de Guijuelo y jamones de Huelva y Teruel, también el salchichón y la llonganissa de Vic.

Además, Canadá reconocerá como marca de la UE los productos etiquetados como Cítricos Valencianos o Cítrics Valencians, pero se permitirá seguir operando a marcas canadienses como Orange Valencia o Valencia Orange.

¿Por qué se critica el CETA?

Movimientos de izquierda y antiglobalización han criticado el CETA, entre otras cosas, por la opacidad con la que se negoció. Lo consideran “el caballo de Troya” del acuerdo TTIP que se discute con Estados Unidos y le achacan que beneficia a las multinacionales y no a los ciudadanos.

El ámbito que más desconfianza ha generado es el de los arbitrajes del denominado Investment Court System (ICS), un sistema privado de administración de Justicia entre inversores y Estados con el que se pretende estandarizar interpretaciones y acelerar las decisiones.

Ante la reticencia que suscitaban los arbitrajes, se decidió que fueran la UE y Canadá quienes eligiesen a los jueces, se reforzaron además los códigos de conducta y se introdujo el derecho de apelación.

Respecto a los Estados de la UE, más allá del bloqueo de la región belga de Valonia al CETA, Rumanía y Bulgaria reclamaron reciprocidad en la política de visados; Eslovenia y Hungría temían que los jueces de los arbitrajes no conocieran sus sistemas legales; Grecia se quejó porque no se respetaba la denominación del queso Feta y el Constitucional alemán aún no ha dicho su última palabra.

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