¿Por qué nos huelen tanto los pies?

Boticaria García

Corría el año 1991 cuando Emilio Aragón dedicó al olor de pies aquella mítica canción. No sé si se consideró canción del verano pero en mi opinión tenía todas las papeletas para serlo. El olor de pies es tan veraniego como la barbacoa, el tiburón o la bicicleta y desde luego mucho más que el waka-waka o el Aserejé, que seguimos sin descubrir qué significan.

Canciones aparte, el olor de pies nos afecta a todos y tiene poco de divertido. Los pies huelen especialmente porque en esa zona del cuerpo se concentran muchas glándulas sudoríparas. Más o menos unas 500-740 glándulas ecrinas por centímetro cuadrado frente a las 130-190 que hay en la espalda. Ojo, es importante no confundir “ecrinas” con “equinas”, ¡aunque muchas habitaciones huelan a establo!

El sudor ecrino se compone de un 99% de inofensiva agua pero el otro 1% es una delicia para las bacterias de la piel de los pies. Contiene cloro, sodio, potasio, urea, amoniaco, ácido láctico e incluso proteínas. Lo curioso es que el sudor en sí no huele, huelen los gases que emiten las bacterias cuando se alimentan del sudor con estas ricas sustancias. En definitiva, el sudor no huele: es un “pedete” de bacteria al hacer la digestión del sudor.

Además, los pies reúnen los requisitos para que las bacterias estén tan a gustito: poca ventilación, humedad y unos recovecos muy apetecibles para refugiarse entre los dedos de los pies. Nada puede fallar. 

Pero reconozcamos al césar lo que es del césar. El sudor cumple varias funciones en el organismo:

1. Eliminar toxinas y sustancias de desecho. Esto es el verdadero “détox” y no esos zumos verdes que venden por ahí.

2. Mantener la termorregulación para que no se nos “recalienten” los pies.

3. Mantener el pH de la superficie corporal (el famoso pH 5.5).

4. Hidratación. El sudor contiene algo llamado NMF (Natural Moisturizing Factor), un factor hidratante de la piel. Si fuera el ingrediente secreto de un body milk nos sonaría estupendo, ¿verdad?

Para evitar el olor de pies busquemos aliados en los desodorantes y antiperspirantes. Los primeros evitan o enmascaran la degradación del sudor y los segundos directamente evitan que se produzca el sudor. Los polvos y los sprays suelen contener una mezcla de ambos.

En cualquier caso, aunque parezca de cajón, la clave está en la higiene. No ducharnos a diario es como no sacar la basura a diario: empieza a oler sin remedio. Dúchense y dúchenles (a sus hijos). Los pequeños tampoco se escapan. Es un consejo de su farmacéutica.

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