Lavapiés, el hotel de Madrid

  • La oferta de pisos turísticos en el distrito multicultural de la capital (Lavapés-Embajadores) aumenta un 85% en dos años: de 714 (2015) a 1.314 (2017).
  • Es el barrio con más oferta de alquiler Airbnb de la capital.
  • Los expertos alertan de que estos alojamientos comienzan a detraer pisos de la oferta de alquiler residencial, pudiendo expulsar a vecinos.
  • Grupos de inversión extranjeros compran vivienda para alquilarla turísticamente.
  • El ‘efecto Airbnb’ es un debate actual en ciudades como Ámsterdam o Nueva York.
  • GALERÍA: Así responde Lavapiés a su transformación en barrio-hotel de Madrid.

Turistas en Lavapiés

Toni y Jessica han desistido de su plan de cambiarse de piso en el barrio de Lavapiés. Recién ampliada la familia, la pareja pretendía ganar unos metros a su vivienda actual y llevaba desde el verano buscando una alternativa por la zona. «Pero de unos meses a esta parte no salen alquileres, no hay, y los poquitos que se ven se han ido de madre en el precio. Es increíble. Hemos perdido la ilusión de encontrar lo que buscamos», dice Toni, medio resignado.

«Fíjate en los escaparates de las inmobiliarias del barrio», recomienda, «verás que no tienen nada que ofrecer, todo está reservado o vendido».

La explicación que le encuentra este vecino a la escalada de precios y a exigua oferta de alquileres es que Lavapiés está siendo sepultado por una nueva ola de especulación inmobiliaria enfocada al turismo. «Es como la parte del quesito del centro de Madrid que les faltaba», opina Toni sobre un barrio acostumbrado a mutar. Que en veinte años ha pasado del ser el más castizo de Madrid al más multicultural y artístico.

Lo que Toni plantea está en el núcleo del debate más intenso que viven ahora las grandes ciudades. Urbes como Ámsterdam o Nueva York se plantean si están siendo víctimas del conocido ‘efecto Airbnb’, una proliferación desmedida de plazas hoteleras en determinados barrios, mercados con gran demanda turística, en detrimento de plazas residenciales, que provoca la transformación de los espacios y el desplazamiento de los vecinos.

Lavapiés -ubicado al sur de la Puerta del Sol y flanqueado por el Rastro y la calle de Atocha- es objeto de varias investigaciones universitarias sobre los efectos de la turistización. El motivo, que a día de hoy éste es el barrio madrileño con mayor oferta de pisos turísticos, e incluso supera al Raval de Barcelona. Si a estos alojamientos que alquilan supuestamente particulares se suman los bloques de apartamentos turísticos, varios albergues juveniles, todos los hostales y hoteles de la calle Atocha y la construcción de un nuevo establecimiento ‘low cost’ junto a la plaza de Lavapiés, se entiende aún mejor que el fundador de la web Idealista, Fernando Encinar, opine que este barrio se ha convertido en «el hotel de Madrid».

El barrio con más pisos turísticos

Una soleada mañana de abril resulta facil toparse con familias y grupos de jóvenes arrastrando maletas por las empinadas calles de Lavapiés, «algo impensable menos de una década atrás», defiende Encinar.

La familia Gruber, procedente de Rusia, permanece parada y rodeada de maletas delante de un portal en la plaza, junto a la boca del metro. Esperando a que les abran las puertas de la vivienda que han alquilado en su primera visita a España, de nueve días de duración. Inicialmente buscaron en la web de Airbnb, pero terminaron reservando en Windu, una competidora. «Lo elegimos porque está en el centro y nos gustó en las fotos», explica el matrimonio recién aterrizado con sus dos hijas, una cuñada y una sobrina.

Inside Airbnb -una web fundada por Tom Slee para contrarrestar la falta de transparencia del mayor portal de alquileres vacacionales del mundo- recoge como cifra más actual 1.721 anuncios de pisos y habitaciones turísticas en Lavapiés. Es el barrio de la calpital con mayor oferta, por delante de los también céntricos Cortes (721), Justicia (770), Palacio (1.009), Sol (890) e incluso Malasaña-Chueca (1.327). Uno de cada cuatro alojamientos en pisos turísticos del centro (6.438) está en Lavapiés.

No solo eso, el Grupo de Investigación Paisaje Cultural (GIPC), perteneciente a la Universidad Politécnica de Madrid, ha descubierto que el ritmo de expansión de pisos enteros dedicados al turismo en el barrio -que ha saltado de 714 en julio de 2015 a 1.314 en enero de 2017 (gráfico)- equivale al gran ‘boom’ de vivienda turística que experimentó Barcelona entre los años 2012 y 2014, cuando comenzaron las protestas vecinales y los intentos de regulación de este mercado por parte del Ayuntamiento.

El GIPC trabaja en estos momentos sobre la hipótesis de si el crecimiento acelerado de la vivienda turística del Lavapiés puede por sí solo agravar la deriva de la pérdida de población en el barrio, tras constatarse que, una vez agotado el ‘stock’ de viviendas vacías, los pisos turísticos empiezan a detraer la oferta de vivienda para residentes.

Preguntado el gabinete de prensa de Airbnb, su versión (comunicada por e-mail) es que «en varias ciudades del mundo se han llevado a cabo estudios que demuestran que el número de casas anunciadas en Airbnb que tienen un uso exclusivamente profesional es demasiado bajo como para tener un impacto sobre el mercado de la vivienda«. No pudieron aportar datos concretos sobre Lavapiés porque no los tienen, alegaron.

Sin embargo, una comparativa de la oferta actual de Aribnb con la de Idealista en el barrio permite ver que la cantidad de alquiler turístico disponible triplica a la del alquiler residencial, que arroja 330 pisos disponibles. Alojarse en un piso turístico sale, de media, a 62 euros la noche (según InsideAirbnb). Alquilar un piso por Idealista: 700 euros/mes de media los de una habitación y 1.000 euros/mes si tiene dos.

No culpar al turista

Una voz autorizada para hablar del distrito es la de Jorge Sequera, profesor de Sociología en la Universidad Rey Juan Carlos y miembro de la Oficina de Urbanismo Social, cuya sede está precisamente en el Mercado de San Fernando de Lavapiés. Sequera es autor de una tesis sobre el fenómeno de la «gentrificación» en el barrio. Este término sirve para definir cómo la reforma de una zona urbana depauperada expulsa a los antiguos residentes para acomodar a capas más elitistas de la sociedad. A su juicio, Lavapiés ya tenía en marcha un proceso de gentrificación que quedó aletargado por la crisis y que ha resurgido ahora, con el factor añadido del ‘efecto Airbnb’.

Sequera explica que «la rehabilitación del barrio, con grandes partidas de dinero público para arreglar casas y el adoquinado de las calles, atrajo a las clases medias profesionales que buscaban su lugar en la ciudad, que convivieron con la población migrante asentada en el barrio y la población envejecida. En 2008 llegó la crisis y hubo un ‘impass’ en el que se frenó la vorágine de mimetización del barrio con Malasaña, en parte gracias a un activismo que, por ejemplo, defendió los derechos de los migrantes y paralizó en masa redadas de la Policía. Los alquileres en ese tiempo incluso bajaron. Pero desde 2015, como la locura de comprar casas no perdura y la lógica es la de volver a alquilar para vivir, se empieza a disparar el precio de los alquileres, porque Lavapiés sigue siendo acogedor y distinto, atractivo para las clases creativas».

Y en esto aparece el turismo. Sequera opina que el efecto Airbnb tiene que ver con que «el país que no tiene nada que vender recurre al turismo. España, además de vender sol y playa, ha convertido los centros de las ciudades en nichos de mercado«. En resumen, que para este sociólogo la ‘gentrificación’ llegó antes que la ‘turistización’ y que los cambios en la idiosincrasia del barrio habría que achacarlos a ambos procesos.

Sequera advierte por ello contra la tentación de la ecuación rápida de culpar a los turistas de la deriva del distrito. En este sentido, sus dardos se dirigen a los inversionistas que especulan con la vivienda en el barrio, fondos de inversión, extranjeros algunos, que están comprando pisos masivamente, incluso en bloque y expulsando a los vecinos, para reconducirlos al negocio turístico. Pone de ejemplo sendos inmuebles en la calle Juanelo o en la plaza de Tirso de Molina. Una breve charla con vecinos en el ultramarinos de la calle Olmo permite corroborar que, efectivamente, hay al menos ahora mismo un grupo inversor francés buscando una veintena de apartamentos para comprarlos con el fin de destinarlos después al alquiler turístico.

Ana es una exvecina de Lavapiés que, cuando se mudó de barrio, tuvo su piso dos años listado en Airbnb. De su experiencia, deduce que el alquiler turístico no es un negocio tan redondo como se pueda pensar, al menos no para un propietario particular. Ella, que tuvo visitantes de medio mundo considera «una labor muy demandante» recibirlos y hacer cada pocos días la limpieza en profundidad del apartamento. Sí le ve la ventaja de que el piso se mantiene muy cuidado y puedes disponer de él cuando lo necesites. Sin embargo, en su opinión, el negocio podría estar en los propietarios que explotan varios pisos y que tienen la gestión de los alquileres externalizada a gestores que emplean muy precariamente los ‘check in’ y las limpiezas. Ellos también se anuncian en Airbnb.

La ciudad para quienes la habitan

Lavapiés cuenta desde los años ochenta, desde las primeras okupaciones de centros sociales, con una comunidad de vecinos activista y rebelde, muy implicada en la defensa de políticas públicas que construyan ciudad para las personas que la habitan. Aglutinados ahora en torno al colectivo Lavapiés, ¿dónde vas? este colectivo lleva todo el año organizando ‘performances’ para denunciar la transformación del lugar que habitan en un barrio-hotel. Entre los efectos perniciosos que destacan, además de la falta de vivienda, está la desaparición del comercio de proximidad o la invasión de locales de ocio y restauración ‘gourmet’ que demanda el residente temporal.

Esta red activista ‘okupó’ el solar en la calle Valencia número 10 para intentar frenar la construcción allí de un hotel de varias plantas. Querían que la Comunidad de Madrid destinara este espacio a zonas verdes o a otras dotaciones más útiles para los vecinos. Fueron expulsados y ahora los obreros se afanan en los cimientos de un Ibis. El colectivo ha optado por la denuncia satírica con manifestaciones contra el «destierro de la vecina» o por «los derechos del turista» y tiene previsto seguir convocando jornadas y movilizaciones, una al mes, entre ellas la creación de un sindicato de inquilinos.

La Corrala es una de las asociaciones de vecinos más veteranas del barrio. A su sede de la calle de Lavapiés empiezan a llegar las primeras quejas de vecinos amenazados de desahucio o de subida del alquiler. Javier Ruiz, presidente de La Corrala, ve urgente que el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid «metan mano» a la especulación que vive el barrio. «Alguien tiene que tomar medidas. Ya lo han hecho en Palma de Mallorca, por ejemplo, donde para que haya un piso turístico la comunidad de vecinos tiene que dar el visto bueno. La administración tiene la llave para empezar a regularlo, si no lo paran los culpables serán los dos, el Ayuntamiento y la Comunidad».

Según el censo municipal, este barrio ha perdido en diez años 4.159 vecinos. Si en 2007 tenía 48.567 habitantes, ahora tiene un 8,5% menos, 44.408. En La Corrala explican que muchos eran inmigrantes que se han marchado y también las personas mayores «que ya no reconocen ni el bar de la esquina».

Toni y Jessica, los vecinos que han intentado durante los últimos siete meses encontrar un piso un poco más grande que el que habitan en el barrio agradecen no sentir presiones de su casero. «Y menos mal, porque todo aquel que pierde en estos momentos la casa en el barrio se sale del tablero de juego, ya no tiene posibilidades de encontrar algo ni remotamente parecido en precio y prestaciones. Se tiene que buscar un sitio infinitamente peor o irse lejos… Aunque ya se escucha que la onda expansiva está afectando ya a Arganzuela», el barrio que hace de frontera sur con Lavapiés.

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