La auténtica receta de guacamole casero y fácil

  • El éxito del guacamole es tal que ya lo podemos comprar en los supermercados.
  • Los aguacates son ahora mejores porque llegan de la Axarquia (Málaga) y la costa granadina.
  • El guacamole lleva cebolla, cilantro, aguacate, aceite y lima… pero no, no lleva tomate.

Guacamole

Un día apareció en las fruterías; nadie le hizo mucho caso. Verde por fuera y por dentro… “pero ¿esto como se come?”, pensábamos. Era el aguacate. Vimos después que alguna amiga sacaba su enorme semilla y con la ayuda de un vaso de agua y unos palillos lo hacía florecer. Pero seguiamos sin saber cómo se comía eso.

Hasta que un día probamos el guacamole. Sería en algún restaurante mexicano, acaso en casa de algún amigo adelantado. “¿Esto está de muerte”, dijimos. “Pues eso es guacamole”, nos informaron. Y sí, se hacía con aguacate. Desde ese día somos rendidos consumidores del que los mexicanos llaman “oro verde”. Más aún cuando supimos que se comía (“dipeaba”) con triángulos de maiz: los totopos (nachos que decimos aquí).   

El éxito del guacamole es tal que ya lo podemos comprar en los supermercados. Pero no, eso no vale. Hay que hacerlo al momento y no vale machacarlo hasta que parezca un puré, que es lo que suele ocurrir con el que nos venden envasado. De acuerdo, puede servir para salir del paso, pero para disfrutar al máximo de su frescura toca elaborarlo con estas manitas y nuestros abalorios.

La receta básica dice que…

  • Hay que cortar cebolla en trocitos pequeños. Se coloca en el mortero (nada de batidoras eléctricas) junto al cilantro y un poco de sal. Machacamos hasta conseguir una pasta.
  • Sacamos la pulpa del aguacate (basta con partirlo y girarlo: sale la carne y se separa la semilla). Incorporamos la pulpa al mortero y lo mezclamos bien con la cebolla y el cilantro.
  • Añadimos un chorrito de aceite de aguacate (aquí lo sustituimos por un buen aceite de oliva virgen) y zumo de lima (limón, si no queda otro remedio). Y volvemos a mezclar bien.

Y para comerlo, los totopos, a los que en España llamamos nachos.

¿Le ponemos algo más?

Esto ya va en gustos. En el restaurante MX de Madrid, un méxicano con estrella Michelin, acompañan el guacamole (que te hacen en un momento junto a tu mesa) con pipas de calabaza o granada. Y sí, en España muchos le ponen unos dados de tomate. No es lo ortodoxo, pero sí te gusta…

Lo más importante, como casi siempre, es la calidad de los aguacates. Debes comprarlos en su punto de maduración. Tienen que estar enteros y sin hebras. Encontramos aguacates de octubre a junio.. y cada vez mejores. La calidad de los aguacates ha mejorado mucho porque ahora son españoles. No es chovinismo, es cuestión de cercanía. Ahora llegan a la frutería antes porque vienen de la Axarquia malagueña y de la Costa Tropical granadina.

El aguacate, ese superalimento

Efectivamente, el aguacate está rico, es fresco y es sano. Mucho. Se la considera un superalimento. Las razones: tiene ácidos grasos monoinsaturados, compuestos bioactivos (alguno antioxidante), potasio, Vitamina E, Vitamina B6, ácido fólico y fibra.

Y nada de comerse la semilla. No, no tiene el 70% de los beneficios nutricionales del aguacate. Es verdad que esta enorme pepita tiene polifenoles, pero estudios científicos han mostrado que la semilla del aguacate contiene también algunos compuestos tóxicos. Los polifenoles, grandes antioxidantes, están también en la propia carne del aguacate.

El aguacate contiene fibra y tiene un efecto saciante, pero no tiene propiedades adelgazantes. No debes comerlo si sigues una dieta hipocalórica (por su alto contenido en grasas), si sufres de insuficiencia renal (por su alto contenido en potasio) o si eres alérgico al látex.

Sumate a la conversación