Estimada Irene Montero, el micrófono no es propiedad de un partido político

Fernando González Urbaneja, presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid

Estimada señora diputada y portavoz de su grupo: Incurre usted en error de juicio al imaginar que la silla y micrófono de una tertulia es propiedad de un partido político; una especie de cuota establecida por un presunto derecho consuetudinario. Un error demasiado extendido que daña la credibilidad del medio y del que tienen mucha culpa los propios medios que han debilitado su soberanía a base de coqueteos y trasiegos con los portavoces de los partidos para aparentar neutralidad en perjuicio de la profesionalidad.

En España, especialmente tras el marco establecido por la Constitución de 1978, hay amplia pluralidad de medios y un acceso regular a los mismos de las fuerzas políticas representadas en el Parlamento y de otras opiniones más minoritarias. Los medios tienen el deber de ofrecer opiniones plurales y el derecho de elegir quién y cuándo lo hace.

Tiene sentido que los medios inviten a políticos de todas las tendencias a expresar sus opiniones para propiciar que los ciudadanos dispongan de elementos de juicio. Pero de eso a ceder a modo de arriendo el asiento permanente en  cada tertulia hay un abismo. Es una mala práctica, como suele serlo colocar en el mismo plano a políticos de partido (con argumentario) y periodistas profesionales que vayan a su aire.

La soberanía es del medio, libre y responsable para invitar a quien le parezca oportuno. Por su propio interés se cuidará de ofrecer ante sus clientes (los ciudadanos) voces diversas y representativas, pero la responsabilidad de invitar, que no es delegable, es del medio.

Buena parte de los problemas del periodismo actual tiene su origen en esas relaciones concupiscentes entre periodistas y políticos que se dicen amigos o conocidos sin percibir que sus intereses pocas veces coinciden porque sigue siendo válido el viejo principio de que noticia es algo que alguien quiere que no se sepa (lo demás es propaganda). Y la necesidad de los periodistas de noticias suele ser inversamente proporcional  a la tendencia de los políticos a proporcionarlas. 

Los políticos necesitan de los medios, tanto que incurren en excesos que luego les pasan factura. Las relaciones entre políticos y medios requieren mesura, ponderación y evitar errores de juicio. Imaginar que el asiento de una tertulia está arrendado a cualquier partido es un error. Y los medios deberían evitar cualquier equívoco.

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