El reto de la España “vacía”: evitar que el hombre sea una especie en peligro de extinción

Belén Molleda

“Estoy muy a gusto solo, sin que nadie me toque los cojones”. Esta respuesta de un menor al ser preguntado por la circunstancia de ser el único niño de un pueblo de Asturias y que se hizo viral, puso el foco en la España “vacía”, en la que lejos de lo que piensa este chaval, la despoblación y el envejecimiento constituyen un gran problema.

El 80% de los españoles se concentra en el 20% del territorio y las previsiones apuntan a que la brecha aumentará. Desde una gran urbe, es difícil entender la situación de los pueblos, que son visitados a modo de museo y que están sometidos al olvido, eso sí, hasta que llegan las elecciones.

En este periodo, de repente, las zonas rurales concentran la atención de los partidos, cuyos líderes no dudan en fotografiarse con vacas, tractores y lo que pillen con tal de arañar apoyos, más aún en esta campaña en la que el 40% de la población no tiene decidido el voto; en la que está reñido el color del próximo gobierno y que coincide además con la primera manifestación de una veintena de provincias de la España “vacía” en Madrid que protestan por su situación.

¿Y cuáles son sus problemas? Muchos. Los principales: la despoblación y el envejecimiento, pero también la falta de servicios públicos, que brillan por su ausencia, la falta de empleo y de oportunidades en general, entre otros. Del ocio ya ni hablamos. Avances como el AVE suponen más aislamiento en estas zonas, en las que la emigración se entremezcla con el desánimo.

La España “vacía” necesita algo más que una visita cada cuatro años, necesita medidas para generar empleo e ilusión. El fin: evitar que el hombre sea una especie en peligro de extinción.

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