Carta a Ángel María Villar: No le va a quedar más remedio que dar explicaciones

Raúl Rodríguez

Al parecer se va a quedar usted en los 29, vaya por Dios. Casi tres décadas manejando a su antojo el fútbol español como le ha dado la real gana y sin dar una  explicación al respecto. ¡Olé sus h…! ¿Recuerda alguien una rueda de prensa del señor presidente de la Federación Española de Fútbol? A su lado, Mariano Rajoy = transparencia absoluta. ¡Válgame!

De usted sabemos lo justo:_ centrocampista del Athletic durante diez años, apenas una decena de goles, 22 partidos con la selección y un puñetazo a Johan Cruyff como principales muescas de su currículo.

Con el salto del césped al despacho, su trayectoria quedó definitivamente envuelta en la bruma, oculta tras el muro del norte: se hablaba de sus tejemanejes en la escena mundial con Blatter y compañía; se sospechaba de sus dudosas técnicas para garantizarse el trono de hierro del fútbol español a perpetuidad (presidentes de clubes, tápense hoy); se especulaba con las peligrosas influencias de su hijo Gorka -sí, ha salido al padre- y las malas artes de su pretoriano Padrón, y se intuía que mientras la Roja viajaba por medio mundo en bolos inútiles usted pasaba el cepillo, y del cepillo al bolsillo. Nosotros veíamos la bolita, y los Villar, los billetes. Pero a usted, plim.

La niebla se ha disipado por vía judicial a base de imputaciones. Primero fue por ese millón y pico de euros (1,2) que su federación recibió para proyectos en Haití o Libia. ¿Lo recuerda? Usted, como siempre, ni pío. Su organismo sí habló, para hacer el ridículo: se demostró que ni proyectos ni gaitas y que las facturas para intentar demostrarlo eran una chapuza. Al fin, tuvo que devolver el dinero y con intereses, 300.000 euros, por cierto.

Alguien de arriba, y con buena información, le sugirió hace unos meses que se echara a un lado y favoreciera una transición tranquila. Por si acaso. Pero nada, se empeñó en llegar a los 30.

Y casi 30 años después, a las ocho de la mañana de un martes de julio, han llamado a su casa pidiendo explicaciones y no le va a quedar más remedio que darlas. De momento, es usted un presunto corrupto (y van ya…) y le presumo más de una noche en el calabozo.

Llega el momento ahora de abrir ventanas y levantar alfombras, de airear una habitación que huele a cerrado desde hace mucho tiempo. Durante los años en que mejor olía nuestro césped, más apestaba en la moqueta. ¡Qué cosas!

Saludos de su ‘furbo’.

Raúl R. Vega

Sumate a la conversación