Carta a los linces de Doñana, en nombre de las personas os pido perdón

ISRA ÁLVAREZ

Lo siento. No, yo no os he hecho nada, pero como sé que quien lo hizo no dirá nunca nada (excepto “aquí hay negocio”), en nombre de las personas os pido perdón. Os contaré algo sobre los humanos: somos la especie más inteligente del planeta y la más estúpida también.

Sentimos una absoluta indiferencia, cuando no desprecio, por el entorno que nos mantiene vivos. Decidme si eso no es de ser imbécil.

Hace unos años os llevamos al límite de la extinción y hoy en día no llegáis ni a quinientos. Sois los últimos de toda una especie, la del lince ibérico. Queridos linces… no os ha salvado ni el apellido, que os hace de aquí, propios, de los nuestros, pero es que en la península ibérica, y sobre todo en España, lo nuestro siempre nos causa complejo y luchamos poco por ello. La última os la hemos hecho en Doñana. Lo más probable es que algún o algunos desgraciados iniciaran un incendio que ha acabado por llevaros por delante. Vosotros no entendéis de parques naturales, ni de gasoductos, ni entendéis de humanos sin escrúpulos y más corruptos que uno de vuestros excrementos que cambian leyes que permiten que de un terreno quemado se pueda hacer negocio.

Fue el PP el que cambió esa ley, pero a los del PP tampoco los conocéis. Mira, en eso tenéis suerte. Eso sí, solo se usará el suelo quemado si hay “razones imperiosas de interés público de primer orden”. Os lo traduzco del español al lincés: se recalificará si el amiguete de alguien puede hacer pasta y darme una comisión o un cargo en su multinacional. Os han tenido que sacar echando leches del centro de cría en cautividad de El Acebuche (y ya es triste que tengáis que criar allí y no libres), una de vosotros ha muerto y los demás fuisteis localizados ayer… no se sabe muy bien cómo. Vosotros, al contrario que los humanos, no sabéis sentir odio. Aun así, por si os sirve de consuelo, os diré que lo que os hemos hecho a vosotros también nos lo hacemos a nosotros mismos. Más de 2.000 personas han tenido que huir del incendio, 50.000 quedaron aisladas, se han quemado propiedades, negocios, viviendas… sí, hogares. Incluido el que podría haber sido el vuestro. No solo aquí, al otro lado de la frontera (claro, perdón, vosotros tampoco entendéis de fronteras) Portugal también ha ardido.

Quizá deberíais hacer como nosotros, los humanos, y emigrar a pastos más verdes, quizá os iría mejor si fuerais linces germanos.

Apenado y avergonzado

Isra Álvarez

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