Carta a Javier Cárdenas por relacionar vacunas y autismo, “sostenella y no enmendalla”

Boticaria García

Sr. Cárdenas. Yo no soy periodista, soy farmacéutica, pero tengo la suerte de que tres veces por semana me dejan un micro abierto en la radio para hacer divulgación sanitaria. Esta circunstancia me hace empatizar con “las cosas del directo” y cuando este miércoles leí que usted había resucitado al fantasma que relaciona las vacunas con el autismo pensé (aún conservo cierta inocencia) que alguien le habría informado mal pero que rápidamente rectificaría. 

Le he escuchado desde el coche cientos de veces aquello de Despertarse de buen humor, es posible, con su eco correspondiente. Es posible que esta mañana, tras el aluvión de críticas recibidas, haya sentido usted algo parecido a la canción de Mecano Hoy no me puedo levantar. Sin embargo, a mí en concreto toda esta situación me recuerda más a Cruz de Navajas. Y es que a usted le han echado ya la cruz, pero porque usted nos ha lanzado primero las tres cruces de la canción:

La primera cruz decía así: Una en la frente, la que más dolió.

Comenzó por lanzar al aire “algo se está haciendo mal desde el punto de vista de vacunas”, afirmando que era “una teoría apoyada en hechos importantes”. Más allá sembrar el miedo con lugares comunes y generalidades, también concretó que las vacunas “tienen metales pesados que los niños no saben absorber”.

Después de haberle citado a usted literalmente, ahora voy a citar lo que dice al respecto la Organización Mundial de la Salud: “Tras examinar la información epidemiológica y el perfil farmacocinético actuales del tiomersal, el Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas concluyó que no hay evidencia de toxicidad por mercurio en lactantes, niños o adultos expuestos al tiomersal de las vacunas”

Además, desde que en 1997 la FDA comenzó a revisar y evaluar el riesgo de los alimentos y medicamentos que contenían mercurio, se ha hecho un gran esfuerzo para eliminar el mercurio de las vacunas. Y no porque exista evidencia científica que avale un daño cerebral que se atribuya al tiomersal, sino simplemente por precaución. Quizá le sorprenda saber que las vacunas de calendario actuales que se administran en la infancia en EE UU y en Europa no contienen tiomersal y las que lo incluyen es tan solo en cantidades ínfimas (trazas).

Esta la cruz que más dolió porque es absolutamente falsa y para comprobarlo no hacen falta años de documentación, sino consultar la web de la OMS.

La segunda cruz decía: Otra en el pecho la que le mató.

Voy a citarle de nuevo literalmente: “ocurre siendo muy pequeñitos, nacen, son como otros niños totalmente normal y cuando pasa el tiempo, sobre todo, una gran parte de ellos a partir de las primeras vacunas, comienza ese calvario para tantas familias”. 

Esta clásica afirmación es el claro ejemplo de confusión entre causalidad y casualidad. Lo cierto es que la mayoría de vacunas se ponen entre los 2 meses y los 3 años de edad y gran parte de los problemas relacionados con el neurodesarrollo, entre ellos el autismo, se detectan en esta franja de edad. Cuando se desconoce la causa concreta que ha originado el trastorno es lógico, incluso muy humano, querer buscar un culpable y las vacunas siempre han sido un blanco fácil por su coincidencia en el tiempo, pero no hay ninguna relación real. Muy al contrario, las vacunas, entre otras cosas,  protegen al cerebro de posibles infecciones. Las vacunas salvan vidas.

La tercera cruz: Y otra miente en el noticiero.

El noticiero en este caso es sus redes sociales, ya que, lejos de rectificar como hubiera sido de aplaudir, usted anoche decidió seguir en sus trece dando alas al mito  con frases como: “Es triste manipular algo que no se ha dicho, pero peor es creérselo sin contrastar. Disculpad pero no pierdo el tiempo con mentiras!”.

 En una cosa estamos de acuerdo Sr. Cárdenas: es malo, malísimo, creerse las cosas sin contrastar. Y lo peor de su reacción no es que se aferre tristemente al “sostenella y no enmendalla”. Lo peor es leer en los comentarios frases de sus seguidores diciendo: “no dejes de decir tantas verdades” o “tú eres el único que no se calla”.

Creo que como comunicador tiene usted una responsabilidad con los cientos de miles de personas que le admiran y creen en sus palabras. Ya sé que ha dicho usted que no pierde el tiempo con mentiras, pero… ¡Qué sería de las normas si no pudiéramos saltárnoslas por una buena causa!.  Sólo le pido un poquito de tiempo en contrastar “otras mentiras”: las vertidas sobre el mito de las vacunas y el autismo.Le pido que contraste cómo el estudio que estableció esta asociación tuvo que ser retirado y su principal investigador inhabilitado. Y ya puestos, que lo cuente en la radio.

A tiempo está usted de que le quitemos “esa cruz”.

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